viernes, 21 de febrero de 2014

Adiós, Ros


Hace unos meses mi madre y yo comentábamos la posibilidad de adoptar a Ros, el gato de mi hermano, una vez muriesen Merlín y Spiny. Mis gatos deben tener unos 16-17 años y, gracias a su obesidad, tememos por su salud. Pero parece ser que el destino nos juega malas pasadas muriendo Ros a la edad de 4 años.

Como explique hace un par de años, Ros era un gato que encontró mi hermano en Blanes. Aunque tenía leucemia e inmunodeficiencia él decidió quedárselo. Supongo que muchos ya lo sabrán, pero para los que no lo sepan estas enfermedades son crónicas e incurables. A pesar de todo ha tenido una larga vida bastante sana, teniendo en cuenta todo lo que le vino después...

Hace poco más de un mes que mi hermano y mi madre notaron que Ros tenía una herida en el ojo. Así que decidieron llevarlo al veterinario de Blanes, dándole unas medicinas que curaron su ojo temporalmente. En el retorno a casa de una segunda visita, Ros trajo con él un resfriado muy fuerte acompañado de unos ataques muy extraños que lo dejaban sin respiración. Es por ese motivo que decidimos llevarlo al veterinario que hay al lado de casa. Una vez allí nos dieron una medicina para el resfriado y, en la siguiente visita y al ver que los ataques no cesaban, nos recomendaron quitarle los dientes. Es común que los gatos con leucemia tengan una dentadura pésima.

El caso es que una vez quitados los dientes y descubrir que tenía ataques epilépticos, regresamos a casa con la esperanza de que estos disminuyeran (porque con la medicina actual es imposible que desaparezcan completamente). Pero no fue así. Los ataques continuaron provocando que el gato perdiese por completo la visión y no pudiese controlar sus necesidades fisiológicas. Así que decidimos volverlo a llevar a Blanes, donde nos recomendaron llevarlo a la Universitat Autònoma de Barcelona.

Allí le realizaron unas pruebas muy costosas donde, finalmente, hoy nos han dicho que había una gran posibilidad que fuese un tumor o... PIF. Sí, la puñetera enfermedad que tuvo mi pequeño Kero y la cual es incurable. Solo sé que después de realizar la última prueba (no se si ésta confirmaba lo que tenía), los ataques de Ros no han cesado. Según me ha contado mi madre, la veterinaria le ha dicho a mi hermano que el gato no aguantaría hasta mañana (que era la fecha en la cual lo iríamos a buscar y nos dirían que tratamiento seguir).

Y es por ello que mi hermano ha ido hoy a despedirse de Ros. Todo ha terminado. Ayer lo tenía en mis brazos hablándole sobre lo mellado y ciego que estaba y hoy ya no está. Han sido unos días horribles de lucha contra los ataques epilépticos que nos ha dejado a mi madre y a mí agotadas.

4 comentarios:

Maria Navarro dijo...

Ho sento moltíssim per ell! Estic amb tu <3 És dur quan es mor una mascota... :(

Belldandy dijo...

Lo que nos hacen pasar estos bichos... A veces pienso que sería mejor no tener mascotas, pero entonces me imagino la casa tan vacía y tan triste...

Muchos ánimos, piensa que el pobre, con todo lo que ha pasado, al menos ahora estará descansando. Sé que esa frase no consuela porque cuando yo pierda a mi Snoopy (como ya he perdido a tantos otros) no me hará sentir mejor... Nada, sólo te puedo mandar un abrazo y un beso.

Eleone dijo...

Moltes gràcies pel teu comentari! M'ha animat molt el teu suport!

Eleone dijo...

La reflexión que tu has hecho (la de no tener mascotas) la hace mi madre continuamente, cuando piensa en lo mal que lo pasa cuando mis gatos sufren alguna enfermedad. Yo, por el contrario, pienso tener mascotas durante toda mi vida porque considero que los momentos que vivimos con ellos son suficiente motivo.

Muchas gracias por tus ánimos. Ahora solo nos queda mirar hacia el futuro y recordar los momentos que vivimos con él con una sonrisa.

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